(a) Postmodern tale
Hay una cosa que no sé cómo se llama
de aquí la importancia de llamarse neófito.
Anónimo (Anonymus?)
El humo estaba tremolando en la pira y sin embargo no había nadie al pie de ésta.
Su invalidez no le obstaculizaba en absoluto pasar largas horas en internet. Se sabía viejo, decrépito y malquerido. El blog, el chat y YouTube eran el ciclo-centro de su universo. Tenía webcam y un millar de conocidos en Facebook, quizá millones de followings contra cientos de followers en Twitter. Se alimentaba de tuna enlatada y de una barra de pan que acompañaba con mayonesa y coca-cola. No era nada malo el espacio posible que suponía su casa. Mascotas nunca, lidiar con las heces y la orina por todos lados; escuchar el retozo de los cachorros o el chillido de los pájaros era insoportable [insufrible].
Por la noche habían colocado el montículo y encima un cuerpo desconocido [descompuesto].
A las 8 estaban conectados los latinoamericanos y Rita era muy buena contando historias migratorias; a las 12 estaban los norteamericanos y Judith era una residente en Manhattan que odiaba a los judíos (o la idea de ellos); a las 15 la gente escandinava y le fascinaba engañar a Lisbeth con sus viajes ficticios; a las 18 un serbia con el nickname "Autum" tenía sexo virtual con él (pero ya intuía que se trataba de un homosexual); a las 21 los asiáticos tenían un sitio web sadomasoquista en vivo y él se sabía un magnífico voyerista, aunque no pudiera ayacular; a las 00, dedicaba tiempo a postear en su blog misceláneo y responder, apenas, a unos cuantos seguidores, de ahí visitar más blogs -esos amigos que hacían actividades similares-; llegaba a las 4 revisando perfiles en Facebook, mientras cargaba algunos videos indispensables en YouTube: el puente a la realidad.
Nadie supo, ciertamente, qué cosa había pasado en la desgarrada costa de Troya.
Evacuaba en una bacinica y se fumaba un par de cigarrillos mientras masticaba la tuna, apenas humedecida por la saliva. Las noticias del mundo físico eran, quizá, despreciablemente inocuas, anodinas, triviales o repulsivas. Pensaba que no estaba mal esa pasta blancuzca que era la mayonesa y la tuna untadas al pan para luego deglutirlas, escribiendo un tweet sobre la importuna mosca. Un vaso gigante de leche negra. La cama era demasiado sutil para vencer la tentación de ver el último video de Lady Gaga, o el que recomendaba la bandeja de entrada en su cuenta en gmail, mientras se doblegaba en la silla del escarnio con la pantalla iluminando el bunkercito consumido por intermitentes lenguas en sus recintos de fuego: la épica de un patetismo hipermoderno.
der unheivoll bunker 24/III/10 4:05 a.m.
der itsmänien haus re-visitado 27/III/13 4:15 a.m.
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