Mujer que se desplaza


La mujer se desplaza de un lado a otro. Suena el teléfono. Su madre está sentada en el rincón.  Hace calor, un calor sofocante. Maldice en voz alta. Se dirige hacia el baño y, tras de ella, la puerta se estremece. La mujer sale envuelta en su toalla de baño, resopla y con una mano se sujeta el cabello. La madre acomoda los cojines. Una ola de vapor se apodera del pasillo. Suena el teléfono. La madre mira de reojo el aparato y lo ignora. Ella regresa cambiada, se mira al espejo mientras cepilla sus dientes. Maldice y escupe a la vez. Los platos sucios se balancean en el bodegón de fondo de la cocina. Afuera alguien fuma. Suena el teléfono, la mujer da un salto y de inmediato lo estampa contra la pared. Mira a la madre que duerme profundamente, ha subido los pies en los cojines. El cadáver del teléfono se termina de estirar (o de encoger, según la perspectiva con que se vea) muy subrepticiamente. Ella se sienta y llora desconsoladamente. Una pequeña nube de cigarrillos agoniza en el acto. Gotas que aterrizan, forzosamente, sobre el piso. 

                                                                                                                  Noviembre, 2011

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